10 de abril de 2016

Egipto de norte a sur (26 marzo - 3 abril 2016)

Hacía años deseaba hacer este viaje. Tal vez toda la vida? Quién no ha soñado alguna vez con Egipto? Pero a pesar de haber viajado bastante, todavía no me había llegado la hora de ir al país de los faraones… Extraño pero cierto, aunque existe una explicación plausible: creo que nunca había viajado por mero placer, sino que me había movido hacia donde las responsabilidades laborales o familiares me llevaban, y así conocí buena parte del globo, profundamente en la mayoría de casos. Pero esta vez necesitaba un descanso, un corte a mi rutina de Inglaterra, un cambio total de aires… y elegí el misterioso, el fascinante, el enigmático Egipto como destino, un país rico en joyas que ver y demasiado vasto en su extensión. Haría falta mucho tiempo y dinero para visitarlo todo en libertad y tranquilidad, así que por fin, decidí convertirme en turista, en simple observadora, y contratar un tour. No tengo claro si repetiría la experiencia, todo tiene sus pros y sus contras, pero creo que realizar un viaje organizado en grupo con una agencia, permite moverte con rapidez, seguridad y a costes moderados a todos aquellos sitios que quieres ver, especialmente en un lugar como Egipto donde son muchos y muy distantes entre sí. En ese sentido fue muy positivo. Conocer personas interesantes con quienes compartir esos momentos intensos durante unos cuantos días, también fue positivo. Pero básicamente, esos tours están diseñados para ver lo máximo en el mínimo tiempo posible. Por lo tanto, al menos a mí (a mucha gente no le importa este punto) me faltó tiempo y un poco de soledad para saborear Egipto y sus gentes, la parte humana, para sentir la esencia del país, la vida actual, las costumbres e incluso la verdadera gastronomía… lo cual me obliga a volver algún día, sin demasiada dilación. Aun así, estoy feliz de haber visto por fin, en vivo, todos aquellos impresionantes sitios arqueológicos que hablan a través de sus rocas sobre la convulsa y larga historia de Egipto, desde el tiempo de los faraones, pasando por los romanos,  otomanos, judíos y musulmanes, habiendo todos dejado una profunda huella.
Piramides de Keops, Kefren y Micerinos en Giza

Piramide de Zoser en Saqqara
El Cairo. Giza y Saqqara. El primer día, como no podía ser de otra manera, salimos temprano hacia la meseta de Giza para ver obviamente las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos (además de otras menores que se hallan alrededor y que nunca nadie menciona) y por supuesto la gran, impresionante Esfinge. En Giza pude montar un camello… ya sé que es algo muy típico y turístico, pero debía vivirlo y hacerme la foto que todos tenemos, encima del dromedario, rodeada de arena y las pirámides de fondo. Como una estampa del siglo XIX, e interesante experiencia. Sobre las pirámides qué os voy a contar que no hayáis oído o leído ya hasta la saciedad en diversos medios de comunicación… Lo suyo es verlas y sentirlas, intentar imaginar los años y años de trabajo y tal vez una fuerte convicción y fe que requirieron… Ver todo en un día… demasiado para mis sentidos… Más tarde nos acercamos a Saqqara, la pirámide escalonada de Zoser, construida por el  arquitecto, médico y sabio Imhotep, que actualmente, y después de una encendida polémica, se halla en proceso de restauración. Aquí disfruté de su necrópolis y sobre todo de unos minutos a caballo, un corcel árabe impresionante, elegante donde los haya, de un castaño rojizo que resplandecía bajo el implacable sol egipcio, y bastante brioso la verdad… y sobre él, yo, con mis kilos de más, me veo un poco, no, muy patosa en realidad. Pero quién me quita lo bailado! Mas he aquí lo malo de viajar en grupo… todo es tan rápido, con tantas prisas… hubiera querido montar al menos media hora, imaginando ser una exploradora del siglo XIX, descubriendo la pirámide, disfrutando del momento, y por qué no, echando unas risas con los locales que te ofrecen sus caballos, burros y camellos… Pero el grupo me esperaba, y solo pude montar, en lugar de alrededor de la pirámide, hacia el aparcadero de vehículos. La caída del turismo en Egipto ha sido tan drástica que da pena, pero al menos para nosotros es una gran oportunidad para visitar los sitios con calma, sin aglomeraciones, en relativa soledad.
Varios hombres con sus caballos, burros y camellos en Saqqara
Interior del Templo de File en islote de Agilika
Asuán. Isla Agilika y Templo Filé. Esa misma tarde-noche nos montamos en un viejo y destartalado tren nocturno (que dicen es el mejor de Egipto) el cual nos llevó directamente al sur del Nilo: Asuán, para mí, de lo mas auténtico. Antigua Sunt de la época faraónica, fue denominada más tarde Souan (“comercio”) por los coptos, de donde derivó su actual nombre, Asuán. Situada a los pies del Nilo, fue durante siglos un importante centro comercial, encrucijada de rutas comerciales entre Egipto, el resto de África y la India, donde las caravanas de elefantes que venían del sur hacían parada, trayendo a sus lomos perfumes, pieles, colmillos de marfil y oro para los faraones del Antiguo Egipto y posteriormente, para los harenes de El Cairo. También fue un importante  destacamento militar, base para las expediciones a Nubia y Sudán. Debo volver sola… y disfrutar de esta ciudad… Nada más llegar, fuimos directo a un bote en el que nos dirigimos a la isla de Agilika para ver el templo de Filé (Filae). Una belleza! El templo lo construyó Ptolomeo para honrar a la diosa Isis, diosa de la isla del mismo nombre, sumergida  en el siglo XX embalsada por la presa de Asuán, y célebre por sus templos erigidos en época ptolemaica y romana, que fueron desmontados y reconstruidos en el islote de Agilika. El culto a la diosa Isis permaneció incluso en época romana, hasta el siglo VI que Justiniano I lo proscribió y el conjunto de templos fue convertido en iglesia cristiana dedicada a San Esteban hasta el siglo XII en que el Islam ya se había establecido como religión mayoritaria en Egipto. Todo el conjunto forma parte del Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán. Es en los muros de la puerta de Adriano se grabaron los últimos jeroglíficos conocidos (24 de agosto de 394 d.C.), una invocación al dios Mandulis. Es un lugar espectacular, mágico, fascinante y con una energía muy especial… 
Templo de File en islote de Agilika desde el bote
Templo File en islote de Agilika
Asuán. Obelisco Inacabado. De vuelta a la ciudad de Asuán me hubiera gustado ver el Obelisco Inacabado, tenerle a mi vera y ver con mis propios ojos las gigantescas proporciones y peso que hubieran hecho imposible su traslado de la cantera… pero lamentablemente, no tuve tiempo. En las cantera de granito rojo de Asuán, se atribuye la orden de su construcción a la reina Hatshepsut, quien gobernó Egipto durante la dinastía XVIII y fue esposa del rey Tuthmosis II. Ella ordenó también la construcción del templo de Deir El Bahari (conocido como Hatshepsut) en la orilla occidental de Tebas. El Obelisco Inacabado es el más largo de todos los conocidos en el mundo antiguo, y el más grande que cualquiera de los obeliscos erigidos en Egipto. De haber sido concluido mediría cerca de 42 metros y pesaría casi 1200 toneladas. Algunos arqueólogos sugieren que la reina Hatshespsut pretendía que este obelisco hiciera juego con el llamado Obelisco Lateranese, que se encontraba originalmente en Karnak, ahora en Roma. Los constructores del obelisco comenzaron a excavarlo directamente del lecho de granito en el que se encuentra hasta el día de hoy. Pero en algún momento aparecieron grietas en la roca, lo que forzó al abandono del proyecto, lo cual permitió a los arqueólogos conocer en gran detalle las técnicas de trabajo de piedra que utilizaron los antiguos egipcios. En general, los obeliscos eran un símbolo solar, la manifestación del poder de Ra y su influencia sobre la tierra. Eran esculpidos con rocas redondeadas de dolerita, pero su traslado y erigido sigue sigue uno de los mayores enigmas de la historia de Egipto. 
Templo de Ramses II en Abu Simbel
Interior del Templo de Nefertari
Asuán. Qubet el Hawa y Sharia as-Souq. Pero como os dije, no pude ver este famoso obelisco y el bote nos dejó casi al lado del hotel, y justo frente a éste, cruzando el río, teníamos un monte: el cementerio de los nobles (Qubet el Hawa), donde recientemente (hace sólo dos semanas) se ha hallado un conjunto de interesantes petroglifos de época faraónica, Imperios Antiguo (2650-2100 a. C.) y Medio (2050-1750 a.C.), que representan animales salvajes tallados en la roca (quince petroglifos que representan vacas, bueyes y gacelas, y también ritos religiosos con avestruces y jirafas), y que demuestra que esta zona estuvo habitada desde la época prehistórica. Es un hallazgo muy reciente y ni siquiera el guía estaba al corriente, quien por supuesto no quiso creer en la noticia que le di y su argumento consistió en que teóricamente los guías son los primeros en recibir ese tipo de información (sin comentarios). Aquí tenéis un enlace para leer más sobre el hallazgo: VerNoticia Por la noche nos dejaron algo de tiempo libre y pude recorrer el zoco de Asuán, un colorido bazar donde se pueden encontrar productos egipcios y de otros países africanos. Conocido como Sharia as-Souq, está situado a cuatro calles del Nilo y se extiende en paralelo al río abarcando siete calles. Los comerciantes venden gran variedad de productos, como perfumes, frutos secos, polvo de henna, flores secas de hibisco, especias, camisetas y souvenires. En los callejones laterales se venden objetos nubios, como gorros, talismanes y cestas; especias, alfombras y espadas sudanesas, así como animales disecados. La verdad es que aproveché para comprar alguna cosilla… a decir verdad, es francamente difícil salir de allí sin comprar nada, ante la insistencia de los comerciantes que añoran los tiempos en que Egipto era un país turístico por excelencia…
Ramses II, Ra, Amon y Ptah en el interior del Templo de Ramses II en Abu Simbel
Templo de Nefertari en Abu Simbel

Abu Simbel. Templos de Ramsés II y Nefertari. El Nilo… Al día siguiente, después de un reconfortante descanso en el hotel (se agradece después de tanto traqueteo), nos dirigimos a Abu Simbel en un minibus. Impresionante. Ubicados en la ribera occidental del lago artificial Nasser, el conjunto fue también trasladado debido a la presa, como el de Filé. El llamado Templo Mayor, de Ramsés II, esta dedicado al propio Ramsés II y su esposa favorita Nefertari, y a los dioses Amón, Ra y Ptah y se construyó entre 1284 y 1264 a.C. Las cuatro estatuas sedentes de 20 metros de altura que lo custodian, son representaciones de Ramsés II. Dentro, se hallan las famosas cuatro estatuas que se iluminan con el sol una vez al año,  siempre en la misma fecha, dejando la de Ptah en penumbras… No existe consenso sobre el verdadero motivo por el cual realizaron esta ocurrencia solar y además con el traslado, la fecha se ha modificado levemente. A su lado, el templo de Nefertari (Templo Menor), dedicado a ella y la diosa Hathor (del amor y la belleza) presenta una fachada decorada con seis estatuas (cuatro de Ramsés II y dos de Nefertari) todas del mismo tamaño. Sus vigilantes me confiaron la “llave” del templo de Nefertari así que adelante… podéis pasar!!!! El Nilo… Hay quienes cuentan que fue creado de las lágrimas de la diosa Isis por la muerte de su esposo Osiris, pero por supuesto no es cierto pues cuando los dioses llegaron, el río ya allí se hallaba… lo que sí cuentan los textos antiguos, es que Isis encontró los fragmentos de su esposo Osiris en este río (todos menos el falo) y actualmente, se dice que todo aquel que bebe de sus aguas, está condenado a volver a Egipto… Así que por si acaso bebí unas gotas… Pero más bueno estaba el té que me sirvieron los guapetones egipcios, rubios para ser exactos, que conformaban la tripulación del bote… son personas encantadoras y muy, muy bellas. Este día y medio de relax navegando en una felucca me sentó de maravilla para seguir mi recorrido… relax, brisa fresca, silencio, música nubia en vivo por la noche… se puede  acaso pedir más?
Parte de la tripulacion nubia en la felucca por el Nilo
Templo de Kom Ombo
Templos de Kom Ombo y Horus en Edfu. El Temlo de Kom Ombo es único debido a su construcción doble, ya que existen recintos (accesos, patios, salas, capillas, santuarios) por duplicado dedicados a los dioses Sobek (el dios cocodrilo) y Horus (el dios halcón), y fue construido sobre una colina (Kom Ombo significa “la colina dorada”) en época ptolemaica por el 150 a.C. Identificado con la medicina y la magia, fue lugar de peregrinación desde la Antigüedad. El templo es precioso y su entorno aun más… allí me encontré con un hombre y sus serpientes, cobras… muy venenosas (aunque supongo que les quitan el veneno antes de llevarlas de “paseo”). El Antiguo Egipto fue hogar de los primeros encantadores de serpientes, aunque la práctica tal como existe hoy en día probablemente surgió en la India y con el tiempo se extendió por todo el sudeste de Asia, Oriente Medio y África del Norte. Es un oficio que empieza a aprenderse desde la niñez, pasando normalmente de generación a generación en una misma familia, y en la actualidad está en peligro de extinción y en muchos países se ha prohibido el tráfico de estos animales. La foto que comparto me la tomé, como os he dicho antes, en el Templo de Kom Ombo, de camino entre Asuán y Luxor… la verdad es que este encantador no tenía la flauta, y una de las serpientes del suelo estaba bastante nerviosa!!! Cerca, el Templo de Horus (Edfu), es el segundo templo más grande del país después de Karnak, y uno de los mejor conservados. Dedicado al dios halcón Horus, fue construido durante el periodo helenístico entre 237 y 57 a. C. Los templos, necrópolis y barcos que surcan el Nilo, resultan sobrecogedores de tan vacíos, y los locales abruman más que nunca con su insistencia, pero disfrutar de sus espacios prácticamente en silencio y soledad, es un privilegio antes difícil de conseguir.
Templo de Kom Ombo
Templo de Kom Ombo
Luxor. Uadi Biban Al-Muluk. Luxor forma parte de la ciudad de Uaset (en egipcio antiguo) o Tebas (en griego), denominada por Homero “la ciudad de las cien puertas”, y por los árabes Al-Uqsur o “ciudad de los palacios”. Es allí donde se erigen los grandes templos del Antiguo Egipto, Luxor y Karnak, y donde descansan los faraones y nobles más célebres del Imperio Nuevo en sus necrópolis de la ribera occidental del Nilo. Lo primero que visitamos fue, por supuesto, el Valle de los Reyes, Uadi Biban Al-Muluk en árabe, “valle de las puertas de los reyes”… Es una pena que desde hace algunos años no permiten tomar ningún tipo de fotografía, ni en el interior de las tumbas (lo cual es lógico) ni en el exterior. De todos modos aquí tenéis la prueba del “delito” , y por supuesto, no hace falta jurar que por una modesta propina uno puede fotografiar hasta la mismísima momia de Tutankhamon… pero no quise hacerlo, comprendo las razones de no fotografiar esas reliquias. Me adentré en la tumba de Tutankhamon con su momia y sarcófago y pude ver el muro detrás del cual se encuentra la cámara secreta, además de las de Merenptah, Horemheb y Siptah. Conocido tradicionalmente por los egipcios como Ta-sekhet-ma’at (“gran campo”), se compone del Valle Este y el Valle Occidental o de los Monos. Ya entonces, los saqueadores eran un grave problema contra el que ni los soldados reales ni las guardias nocturnas podían luchar. Sin embargo, las tumbas de la XVIII dinastía fueron las últimas en ser descubiertas por los arqueólogos y saqueadores, debido a la gran eficacia de sus constructores en disimular las entradas. El arquitecto real Ineni, que construyó la tumba de Thutmose I, se jactó comentando: “nadie me vio, nadie me oyó”. El día que estuve allí, jueves 1 de abril, se estaban realizando los últimos y definitivos escaneos a la tumba del faraón niño!!! Aquí tenéis la noticia: VerNoticia
Templo de Horus en Edfu
En el Templo de Kom Ombo
La primera huelga de la Historia. Pese a que Tebas perdió la capitalidad a favor de Pi-Ramsés, en el Delta del Nilo, los reyes siguieron manteniendo la necrópolis y construyendo sus templos funerarios en la orilla occidental tebana. No obstante, las cosas estaban cambiando, y los monarcas cada vez se desentendían más de la antigua capital y los sacerdotes de Amón iban adquiriendo el control. A la par, Egipto se estaba debilitando, y el hambre y la pobreza comenzaban a hacer su aparición en las clases populares. La incapacidad de muchos faraones, las tensiones con los sacerdotes y miembros de la nobleza local, el peligro de una invasión y la carestía, acabarían por colapsar el Imperio Nuevo en el reinado del último gran faraón, Ramsés III. Fue entonces cuando se tuvo noticia de la primera huelga conocida de la Historia Universal, cuando los constructores de tumbas exigieron más comida y un mejor salario. Los siguientes faraones de la dinastía XX poco o nada hicieron por cambiar la situación. Tebas se asfixiaba, y los temores que se preveían ya desde hacía siglos, se hicieron realidad: el Sumo Sacerdote de Amón se autoproclamó autónomo y, como un verdadero rey sin corona, se escindió del norte del país. Ramsés XI, que estaba construyendo su tumba en el Valle de los Reyes, nunca llegó a ocuparla. Tanto la necrópolis real como el Imperio Nuevo habían desaparecido, 430 años después del reinado de Thutmose I. 
Templo de Horus en Edfu
Templo de Horus en Edfu
Del vandalismo a la veneración. Varias tumbas del Valle de los Reyes permanecieron abiertas desde la Antigüedad. Éstas serían pasto del vandalismo de los griegos y los romanos, que inscribirían sus nombres en algunas tumbas a modo de los modernos graffiti, e incluso la ira de los cristianos, que atacarían algunas tumbas o que incluso habitarían en ellas, en el caso de algunos ermitaños. Sería con la conquista de los musulmanes cuando el valle tuviera algo de descanso, pues éstos simplemente lo ignoraron, considerándolo algo ajeno e innecesario. Muy pocos viajeros europeos harían aparición en el Valle hasta la llegada de la expedición francesa de Napoleón, cuyo grupo de historiadores exploraría el lugar e incluso identificaría algunas tumbas que permanecían olvidadas, como la de Amenhotep III. Poco después llegarían otros bien conocidos por la egiptología actual, como Belzoni, Champollion, Lepsius, Maspero y Carter, entre muchos otros. A largo de todo el siglo XIX y comienzos del XX se descubrieron tumbas reales y numerosos pozos funerarios que acrecentaban cada vez más el interés por la necrópolis y por Egipto en general. El hallazgo de tumbas tan bellas como las de Sethy I y la de Horemheb, de los escondrijos de las momias reales, o de la misteriosa tumba 55 (de la que se ignora la identidad del cuerpo hallado y el verdadero destinatario del sepulcro), crearon una verdadera fiebre en la que varios arqueólogos y acaudalados coleccionistas competían por el mejor hallazgo. 
Templo de Horus en Edfu
Tumba de Tutankhamon. Sería en 1922 cuando el Valle de los Reyes desvelara su secreto mejor guardado, la celebérrima tumba de Tutankhamon, el rey-niño de la dinastía XVIII. Llena de tesoros jamás soñados, es sin competidor posible, el hallazgo más importante de la arqueología contemporánea universal, y el comienzo de la egiptomanía que aún se siente en la sociedad, pasando a ser Egipto poco menos que venerado por el mundo entero. Pero durante la visita, lejos del brillo del oro que deslumbró a Carter aquel caluroso día de noviembre de 1922, lo que aparece ante nuestros ojos es una pálida sombra del antiguo esplendor, en un estado bastante deplorable. De las cosas maravillosas que viera Carter antaño, nada queda más que el sarcófago de cuarcita amarilla, y para verlas, debemos llegar hasta El Cairo y entrar al museo. Elwat el-Diban. A la entrada del Valle de los Reyes se encuentra la casa de Howard Carter, descubridor de la tumba de Tutankamón, en una pequeña colina llamada Elwat el-Diban, literalmente “montículo de las moscas”. La casa fue proyectada por él mismo, y bautizada como “Castillo de Carter”. Actualmente, después de varios años de ser utilizada como oficina de policía, ha sido restaurada y convertida en museo visitable, lo que nos acerca a aquellos momentos maravillosos de la historia. Ojalá hubiera podido visitarla, pero desafortunadamente, una vez más, sólo pude visualizarla de lejos… Definitivamente, he de volver sola.
Tempolo de Luxor, Luxor, al anochecer
Templo de Luxor
Biban el-Harim. Al sudoeste del Valle de los Reyes, en la ribera occidental del Nilo, fueron enterradas reinas y princesas de las dinastías XIX y XX, aunque también se han encontrado algunas de épocas anteriores. Es un lugar (qu eno he visitado pero incluyo a modo de información) más pequeño y construido con una roca de peor calidad que la del vecino valle. En egipcio se llama Ta Set Neferu, “el lugar de la belleza”, y en árabe, es el actual Biban el-Harim, para el mundo occidental, el Valle de las Reinas. Aunque hay tumbas y pozos funerarios anteriores, será a partir de la XVIII dinastía, con la reina Sitra, que el valle se convertiría en exclusivo sepulcro de reinas e hijos favoritos de los faraones. La primera tumba fue descubierta en 1816 por Belzoni, pero sin lugar a dudas la más hermosa de todas las joyas de la necrópolis tebana es la tumba de Nefertari, descubierta en 1903 por Ernesto Schiaparelli y Francesco Bellerini, donde destacan las pinturas, increíblemente realistas. La mayoría de las tumbas del valle se hallan en un pésimo estado de conservación, pero sólo por ver la de Nefertari, valdría la pena acercarse al conjunto. El descubrimiento de la momia de Neb. Entre El Tarid y Deir el-Bahari, cerca del Valle de los Reyes, se halla la pequeña localidad de Dra Abu el-Naga, donde recientemente un equipo de arqueólogos españoles dirigidos por José Manuel Galán, y que trabajan en la zona desde hace trece años con el proyecto Djehuty, realizaron un importante descubrimiento: un ataúd intacto, sin abrir, sellado hace 3.600 años. Desde entonces nadie había puesto sus manos encima ni había podido contemplar la hermosa decoración plasmada en la madera durante la dinastía XVII por algún habilidoso artesano de la antigua Tebas. Rescatado de un pozo funerario de cuatro metros de profundidad, el ataúd (de tipo rishi, “pluma” en árabe, de la época en que Egipto no estaba unificado) fue abierto para descubrir una momia de un hombre de unos 35 años de edad, que vivió hacia el 1600 a.C.
Templo de Luxor
Templo de Luxor
Luxor. Mezquita El-Mekashkesh. Y desde el Valle de los Reyes nos dirigimos a la ciudad de Luxor, que realmente me ha encantado. Allí, por fin, hicimos una parada en el hotel para refrescarnos y descansar un poco. La ciudad tiene una mezquita que creo merecería la pena visitar. Saliendo de ciudad y bajando por la calle Sharia al-Karnak, en el camino que conduce a la pequeña población de Karnak, se llega a la majestuosa El-Mekashkesh. Situada en el pasaje que se conoce como Avenida de las Esfinges, al norte del imponente Templo de Luxor, desde allí se la puede reconocer fácilmente gracias a su alto minarete amarillo y verde. Para no perderse, dicen (que no he ido) que es recomendable prestar especial atención a una estación de policía que se encuentra al costado de la carretera, ya que sirve como referencia infalible en el trayecto hacia el emblemático lugar. Esa enorme importancia responde al motivo central por el que turistas de todo el mundo visitan cada año esta fabulosa mezquita: allí reposan los restos de un santo islámico del siglo X. La leyenda y los rumores cuentan que se trataba de un monje cristiano que, en un momento, decidió convertirse al Islam. Lo cierto es que, actualmente, su tumba funciona como un lugar de peregrinación popular para el público que concurre especialmente con el propósito de visitarla. Para ello, los viajeros deben vestir de manera adecuada e ingresar con la cabeza cubierta y los pies descalzos, como en cualquier otra mezquita. No tuve tiempo, una vez más, de visitarla, por ello solo lo menciono, sin compartir ninguna foto ya que todas las que podéis ver en este relato son tomadas por mi con mi modesta cámara (y no han quedado tan mal!!!).
Templo de Hatshepsut. Complejo Deir el-Bahari
En Luxor nos tomamos un exquisito (y dulce) zumo de cana
Luxor. Mezquita El-Mekashkesh. Y desde el Valle de los Reyes nos dirigimos a la ciudad de Luxor, que realmente me ha encantado. Allí, por fin, hicimos una parada en el hotel para refrescarnos y descansar un poco. La ciudad tiene una mezquita que creo merecería la pena visitar. Saliendo de ciudad y bajando por la calle Sharia al-Karnak, en el camino que conduce a la pequeña población de Karnak, se llega a la majestuosa El-Mekashkesh. Situada en el pasaje que se conoce como Avenida de las Esfinges, al norte del imponente Templo de Luxor, desde allí se la puede reconocer fácilmente gracias a su alto minarete amarillo y verde. Para no perderse, dicen (que no he ido) que es recomendable prestar especial atención a una estación de policía que se encuentra al costado de la carretera, ya que sirve como referencia infalible en el trayecto hacia el emblemático lugar. Esa enorme importancia responde al motivo central por el que turistas de todo el mundo visitan cada año esta fabulosa mezquita: allí reposan los restos de un santo islámico del siglo X. La leyenda y los rumores cuentan que se trataba de un monje cristiano que, en un momento, decidió convertirse al Islam. Lo cierto es que, actualmente, su tumba funciona como un lugar de peregrinación popular para el público que concurre especialmente con el propósito de visitarla. Para ello, los viajeros deben vestir de manera adecuada e ingresar con la cabeza cubierta y los pies descalzos, como en cualquier otra mezquita. No tuve tiempo, una vez más, de visitarla, por ello solo lo menciono, sin compartir ninguna foto ya que todas las que podéis ver en este relato son tomadas por mi con mi modesta cámara (y no han quedado tan mal!!!).
Templo de Hatshepsut
Templo de Hatshepsut
Luxor. Mezquita de Abu el-Haggag. Incluso en la “ciudad de los palacios” la historia y la arquitectura también se combinan en otros monumentos de tiempos más recientes que nos permiten apreciar un pasado cercano diferente a aquel de los faraones. Además del gran patio, la impresionante columnata procesional, el atrio, la sala hipóstila, otras salas, la cámara del nacimiento, la de ofrendas, el vestíbulo, el santuario de la barca y otros, que conforman la típica construcción clásica, se construyó en tiempos mucho más recientes, en los cimientos del Templo de Luxor, una pequeña mezquita en la zona noreste del primer patio del templo, que aún presta servicios religiosos en la actualidad. La mezquita de Abu el-Haggag se encuentra sobre las ruinas del antiguo Templo de Luxor, construida sobre éste en el siglo XI d.C. a partir de sus viejas columnas (siglo XIV a.C.). Cuando fue descubierta en el siglo XIX, durante las excavaciones del templo, los habitantes musulmanes de la ciudad se resistieron firmemente a que fuera destruida, y gracias a ellos, hoy podemos deleitarnos con esa curiosa amalgama de elementos islámicos y egipcios que nos brinda un espectáculo muy peculiar a la vista. Yusuf Abu el-Haggag fue un jeque sufí nacido en Bagdad, que se trasladó a Luxor en los últimos años de su vida, y donde murió en el año 1243, a los 90 años de edad, siendo hoy en día una de las figuras espirituales más veneradas de la ciudad. Cuenta la leyenda, que fue a él a quien dedicaron la mezquita construida en diversas etapas, comenzando en el siglo XI con el minarete, debido a un extraño milagro ocurrido cuando el gobernante de la época había decidido derribarla y Haggag se opuso tajantemente. El mismo día que el oficial se proponía ejecutar la destrucción de la obra, despertó con el cuerpo paralizado, atribuyéndose el fenómeno a un poder sobrenatural de Haggag. El lugar es un referente para el culto musulmán, que celebra allí una tradicional fiesta: la moulid, que conmemora el aniversario del nacimiento del jeque sufí, a principios de noviembre de 1150 en Bagdad.
Colosos de Memnon
Templo de Hatshepsut
Deir el-Bahari. Templo de Hatshepsut. Uno de los lugares mas espectaculares que he visto: Deir el-Bahari (“el convento del mar”), un complejo de templos funerarios y tumbas en la ribera occidental del Nilo frente a la antigua Tebas, actual Luxor. Lo primero que salta a la vista es el hermosísimo Templo de Hatshepsut, el más monumental de los construidos en el valle y único en su género en todo Egipto, obra del arquitecto Senemut en forma de amplias terrazas, con edificios porticados y patio de columnas, en perfecta armonía y de proporciones que se integran magistralmente con la ladera de la montaña que se halla detrás del edificio. Dyeser-Dyeseru, el “Sanctasanctórum”, fue en su época probablemente embellecido con jardines a los lados de sus rampas. Desafortunadamente el templo fue profundamente saqueado y destruido como condena póstuma a la reina faraón Hatshepsut y muchas de las estatuas de Osiris situadas ante los pilares de la columnata superior han desaparecido, así como esfinges de la avenida y figuras de la reina. Colosos de Memnón. Las gigantescas estatuas gemelas de cuarcita, de unas 800 toneladas y dieciocho metros de altura, situadas cerca de Medinet Habu, representan al faraón Amenhotep III en posición sedente. Albergo un sentimiento sobrecogedor al ver sus enormes manos reposando en las rodillas y sobre todo, su mirada hacia el este, al Nilo, al Sol naciente. Junto al trono se erigen dos figuras de menor tamaño que representan a su esposa Tiy y a su madre Mutemuia. Aunque ahora se hallan aislados, como descontextualizados de su entorno, su función original era presidir la primera entrada de los tres pilonos del complejo funerario de Amenhotep III, un inmenso centro de culto construido en vida del faraón, hoy destruido por la imponente sacudida que asoló esta tierra tebana hace 3.200 años, que sólo dejó en pie a los dos grandes colosos, indestructibles. 
Templo de Amon en Karnak
Templo de Amon en Karnak
Otros cuatro colosos caídos que flanqueaban dos pilonos hoy desaparecidos, no lo resistieron. En esos días, el complejo del templo era el mayor y más espectacular de todo Egipto, y ocupaba un total de 35 hectáreas. Incluso el Templo de Karnak era menor que el conjunto funerario de Amenhotep III. Hoy en día, sin embargo, quedan apenas unos pocos vestigios. El historiador y geógrafo griego Estrabón, explica que un terremoto en el año 27 a.C., dañó a los colosos, sin lograr, una vez más, destruirlos. Se dice que desde entonces la estatua situada más al sur “cantaba” cada mañana al amanecer, a modo de un lastimoso gemido de Eos, que lloraba la muerte de su vástago en Troya… rumor que se convirtió en leyenda, como suele suceder. A pesar de ser una bonita anécdota, el fenómeno tiene una explicación lógica: el cambio de temperatura, al comienzo del día, provocaba la evaporación del agua, que al salir por las fisuras de cuarcita del coloso, producía el peculiar sonido. Sin embargo, el emperador romano Septimio Severo nos privó de este especial efecto acústico al restaurar la estatua en el siglo III d.C. Florencia Nightingale dijo al verlos: “Los colosos no parecen tan colosales; al contrario, se mantienen acordes con todo lo que los rodea, como si fueran del tamaño natural de los hombres, y nosotros fuéramos los enanos, no ellos los gigantes.” Detrás de los colosos, en el templo de Amenofis (Amenhotep) III, se han descubierto varias estatuas de la diosa de la guerra y la destrucción Sekhmet, que datan de la época de este faraón (1410-1372 a. C.). Se sostiene que Amenhotep III daba mucha importancia a esta diosa y que esculpió esas piezas para protegerse, mientras que otros opinan que el faraón creía en los poderes curativos de la divinidad y se rodeaba de sus estatuas porque estaba enfermo. Amenhotep III, uno de los faraones más destacados de la dinastía XVIII, padre del rey Akenatón y abuelo de Tutankhamon, construyó su capital en Tebas -actual Luxor- y desde allí consolidó la supremacía egipcia en Babilonia y Asiria.
Templo de Amon en Karnak
Obelisco en Templo de Amon en Karnak
Karnak. Templo de Amón. Fue el más influyente centro religioso dedicado al culto del dios Amón durante el Imperio Nuevo, aunque como era habitual, también se veneraba a otras divinidades. Se cree además que es el centro religioso más antiguo del mundo, y es el segundo lugar más visitado de Egipto después de las pirámides de Giza. Antaño estaba unido al de Luxor por un dromos bordeado de setecientas esfinges (de las que quedan algunas) con cabeza de carnero (antes con rostro humano, durante tiempos de Nectanebo I y del lado del templo de Luxor), y de capillas donde se detenían las barcas de la tríada tebana en la gran Fiesta de Opet. Los templos de Luxor y Karnak estaban íntimamente relacionados, y de hecho la función principal del de Luxor era la procesión que una vez al año, durante la celebración del Año Nuevo,  se celebraba y en la que la imagen de Amón salía de su recinto de Karnak para, a través de la avenida de las esfinges, visitar el templo de Luxor. Este dromos era además la arteria principal de la ciudad de Tebas, dividiendo el puerto, los barrios populares y de los artesanos, de la parte oriental, más residencial y con numerosos santuarios repartidos por sus bellas calles adoquinadas. El complejo de Karnak es un recinto de unas 30 hectáreas en el que treinta faraones intervinieron en la construcción de los numerosos recintos, templos, templetes, capillas y almacenes que lo componen, pero es la sala hipóstila una las áreas más singulares, con ciento veintidós columnas de veintitrés metros de altura y una belleza incomparable. Los elementos vegetales representan el momento de la creación del mundo, las aguas primigenias y el momento de la creación de los primeros vegetales.
Representation de mayor tamaño conocida de un escarabajo sagrado en Egipto. Templo de Karnak
Templo de Karnak
Ptah y Sekhmet “la terrible”. En la parte norte del recinto de Karnak, junto al temenos, se encuentra el Templo de Ptah. Cuenta la leyenda que siete niños jugaban en el recinto, en las inmediaciones del templo, y que un buen día nunca más se supo de ellos. Los niños, simplemente habían desaparecido, pasando el lugar a conocerse como la “tumba de los siete niños”. Con el tiempo, la leyenda se fue transformando y supuestamente, acechaba el lugar un ogro que terminaba con la vida de quienes se acercaban, y que acabó siendo considerado maldito. Por este motivo, los arqueólogos europeos y americanos tuvieron grandes problemas a la hora de encontrar mano de obra local para las excavaciones en este lugar. Sin embargo, la maldición acabó cuando Legrain encontró la estatua de granito negro de Djehuty, que al llevársela del lugar, se llevó al ogro consigo. El templo incluye hasta seis puertas (de época kushita y ptolemaica), una detrás de la otra, antes de llegar a su centro, al interior del templo propiamente dicho, con maravillosas escenas representadas en relieves muy interesantes. En la parte trasera del templo se hallan tres capillas dedicadas a la tríada menfita. La de la izquierda se dice que podría haber estado dedicada a Nefertum, aunque no se ha encontrado estatua de este dios y ninguno de los relieves de sus paredes lo muestran. La del centro estaba dedicada a Ptah, que aparece representado en una estatua sin cabeza. La capilla de la derecha es la que alberga la famosa estatua de Sekhmet con cabeza de leona, “la más poderosa”, “la terrible”, símbolo de fuerza y poder en la mitología egipcia, diosa de la guerra y de la venganza. Madre de Nefertum, esposa de Ptah e hija de Ra, otorgaba a sus adoradores que conseguían apaciguarla el dominio sobre sus enemigos, y el vigor y la energía para vencer la debilidad y la enfermedad.
Con parte del grupo en la meseta de Giza!!!
Espero que el texto os sea de interes!!!!
El Cairo. Mezquitas de Mohammed Ali (Mezquita de Alabastro) y de Ahmed Ibn Tulun. Situada en la parte más alta de la Ciudadela de El Cairo y de altísimos minaretes (por lo que es visible desde casi toda la ciudad), la Mezquita de Alabastro fue construida a instancias del gobernador otomano Mehmet (Mohammed) Ali entre 1830 y 1848, en memoria de su hijo fallecido años atrás. El arquitecto, de Estambul, la construyó inspirándose en la de su ciudad, Santa Sofia de Estambul. Antes de finalizada su construcción, las piezas de alabastro que cubrían la parte superior de la fachada, fueron extraídas para su uso en el palacio de Abaas I, y para disimular las piezas faltantes, se utilizó madera pintada para simular el mármol. La torre del reloj (dañado en el camino, como ya he mencionado antes, nunca funcionó) fue un regalo del rey Luis Felipe I de Francia, país que había recibido en 1833 uno de los dos obeliscos del templo de Luxor (hoy en la Plaza de la Concordia de París, como ya he comentado), ofrecido por Mohammed Ali a Carlos X, y elegido por Jean-François Champollion, quien, según cuenta la leyenda, escogió el más pequeño y dañado de los dos. La Mezquita de Ahmed Ibn Tulun (la más antigua del Cairo, del siglo IX), es muy poco visitada, pero posee una interesante historia, ligada a la maldición de los faraones, a los que tanto entonces como en nuestros tiempos, los egipcios temen (esos miedos ancestrales tan arraigados aún) pensando que sus espíritus pueden volver para atacarles. La fuente económica para la construcción de la mezquita fueron los tesoros encontrados en las pirámides de Giza, y a lo largo de su historia, ha sufrido infinidad de calamidades que la dejaron en estado de abandono. Antaño, vivían magos marroquíes que atendían personas en busca de ayuda para solucionar los problemas,  hasta los años 90 que fue reconstruida. Otros dos sitios que me quedaron por ver… Uffff… Nos centramos en el Museo de El Cairo, que es ciertamente espectacular, en todo caso. Recomendable. Pero se necesita algo más de tiempo en El Cairo, desde luego… A ver si es cierto que quien del Nilo bebe…

5 comentarios:

  1. Tal y cómo detallas tú viaje, entran ganas de coger una mochila, y salir en el primer avión para Egipto. Un abrazo

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  2. Describes tan impecablemente tu viaje, con fotos ilustrativas que parece estar leyendo una novela histórica. Muy didáctica. Envidio tu experiencia y admiro...Te admiro! Muchas gracias, Álex. Eres un libro abierto y un encanto de persona. Una delicia leerte y verte tan pletórica.

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  3. Soy Conchita Fernández Rey, antes Con Kokoro. Faenas de Fb

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  4. Ay Con!! Menos mal me has dicho quien eres... ya pensaba que me había echado un admirador secreto!! Jaja!! :D

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